20.3.12

Por emepzar, Mendoza

Me hice cargo de tu luz
Que desde afuera es tan hermosa
Me vi hundido en lo azul
De todo el cielo de Mendoza
Seguí la ruta y camine
Cantando apunto de caer
Me hice imagen de tu cruz
Portando todo el viento zonda
Tu noche pareció preciosa
Y el día se mostro sin fin, sin fin…


Salir de Baires, contrario a lo que había imaginado, no es estar de viaje. Hay que estar de viaje. Hay que calzarse la mochila, preguntar direcciones por la calle, dormir viendo las estrellas, insolarse en la montaña, hacer picnic en la ruta y mancharse toda la ropa con yerba, acostumbrarse a la altura, acostumbrarse a la compañía, escribir en estaciones de servicio, mirar mapas, tomar más mate de lo que se puede tolerar solo por charlar con alguien un poquito más...

Estamos de viaje, sobre abusando de la hospitalidad mendocina en lo de Fabian, un apasionado de la historia y la política argentina. Por fin entiendo algo!!! Fernet en mano, pizarra y fibrón, noches de debate para cambiarle la cabeza capitalista al francés recién salido de la camisa y la corbata. Creo que si nos banca tantos días en su casa es porque se tiene fe en sacarlo revolucionario. Un genio!!!

Nuestro otro anfitrión es un bombonazo rubio de ojos grandes que me mira cocinar fascinado, mi fan. El Benja, un labrador comprador y expresivo, aunque mal alumno: ronca desparramado en el comedor mientras hablamos de la crisis de europa y de potencias nucleares.

En medio de las clases nos tomamos una semanita para irnos hasta Valparaíso justo el día para fumarnos todos los gases lacrimógenos que terminaron con una protesta de escolares, pasando por Santiago de Chile que nos sorprendió por limpita, linda y ordenada (en todo menos en transito). De regreso burlamos el control aduanero para darnos el gusto de almorzar paltas chilenas en el Parque Nacional Aconcagua, comimos el mejor asado de nuestras vidas en la Parrilla San Cayetano, en Uspallata, visitamos un museo de instrumentos étnicos latinoamericanos que todavía no abrió en Las Vegas y vimos las montañas con cada único cambio de luz del día, imáginando al Ejército de los Andes cruzando esas mismas montañas.

De vuelta en nuestra casa mendocina, debates gourmet, mate y siestas para recuperarnos de la caminata en Aconcagua y del sol. Cuesta arrancar, pero nos falta mucha ruta. Agarraremos ritmo de viaje en algún momento o iremos creando un nuevo hogar en cada stop del camino?

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