19.6.12

Guatebuena

Entramos bien, salimos mal. Y es evidente por qué.

Habia empresas de turismo que nos ofrecian buses directos desde Tapachula al Guatemala capital, pero como conseguimos ride a la frontera, cruzamos a patita, nos tomamos una combi a Malacatán, un bus a Cocales y un chicken bus a Santiago Atitlán y voilá, muchisimos pesos menos y más aventura para llegar. Hay veces que funciona y otras (como en la frontera Chile-Bolivia), que no. Pero con el tiempo voy dándome cuenta de que vale la pena intentarlo.

Como llegamos de noche a Atitlán, adivinabamos un lago en el horizonte, pero tuvimos que esperar a la mañana para descubrir este paisaje:






Un lago verde al pie de un volcán verde, rodeado de costas verdes...

Pensabamos irnos a Panajachel porque con esto de viajar sin guia, no se, escuchamos ese nombre y pensamos que ahí estaba el agite. Pero el señor que nos vendió el pasaje en lancha nos dijo "no van a San Pedro?" y dijimos "ok".

San Pedro es un lugar de los mios: hippie, pequeño y sencillo. Los chicos te dicen hola por la calle, el café es cargadito y perfumado, de noche llueve pero dan ganas de quedarse afuera y es muy facil encontrar una hamaca donde fumarse el último (en mi caso, único) cigarrillo del día, mirando al lago y pensando "amo mi vida". Hay gekos en las paredes como decorados, no hay autos y donde mires hay verde.

Pensabamos dedicarle una hora, pero fueron 24 que podrían haber sido 10.000. Nos quedamos cortos y nostálgicos, y cometimos el error de ceder ante la "comodidad" del turismo.

Los shuttles ofrecian más rapidez y comodidad que un chicken bus a no muchos más quetzales (nombre demasiado lindo para un vil metal), asi que en uno de esos nos fuimos a Antigua con una decena de gringos.

La primera noche en Antigua, noche de lunes, deambulando por una ciudad turistica semi apagada en temporada baja, dimos con una vinería atendida por una gringa y una dinamarquesa. Pedimos unos vinos chilenos y nos sentamos a una mesa cuadrada de 2 x 2m, que de pronto se convirtió en una tertulia de las más lindas que nos tocaron: dos coreanos, un noruego radicado en México, un aussie, una catalana y las dos encargadas del lugar, todos metidos en una conversación que se extendió por varias horas y copas.

Fuera de eso Antigua nos aburrió un poco. Aparentemente es de esas ciudades que estan muy vivas, como Sancris, sólo que fuera de temporada hibernan...

De todas maneras era un punto obligado para tomar otro bendito shuttle hasta Lanquín. Hasta ahi, los shuttles nos resultaban cómodos, es cierto, pero la comodidad residía basicamente en que no paran todo el tiempo en diferentes pueblos ni llevan gente parada, y cada cual tiene su asiento. Pero son siempre más horas de las que te dicen antes de cobrarte, los choferes no tienen mucha paciencia con la gente (y no los culpo, me han contado que a veces los hacen ir de un viaje a otro sin dormir) y tienen sus kioskitos acá y allá: para parar a comer, para venderte hostels u otro shuttle...

De Lanquín el kioskito era con los hostels de Semuc Champey, cuyos promotores no te dejaban ni abrir la puerta de la combi, te hablaban de a 3 al mismo tiempo y se llevaban tu mochila a su transporte antes de que decidas. Turismo tiburón.

Igual el lugar te enamoraba tanto que momentaneamente te olvidabas de que se acababan de abusar de vos. El camino hasta Semuc resplandece de lo verde, otra vez recibimos un montón de saludos de chicos en el camino y cuando llegamos a ver el rio empezamos a flotar en un idilio que todavía nos dura.

Llegamos a un conjunto de cabañitas, donde la gente flota con vos: charlan en sus hamacas, escriben, leen. Es casi imposible no pedirse una cerveza en ese aire perfumado de verde, sentir que cada espacio esta ocupado por el calor, la humedad, densa, los sonidos de todos los pájaros y los bichos, el rio que a esta altura es casi un susurro después del alboroto del sumidero que íbamos a conocer al día siguiente...


Las cena nos obliga a hacer amigos: se sirve a las 7 en mesones de 12 personas, pero la fiaca de un día de "shuttle" nos apura a dormir. A la mañana siguiente me despierto antes y me paso una hora y no se cuántas páginas describiendo en mi cuaderno la densidad del aire de la que hablé antes. En el desayuno, el mate nos emparenta con una chilena y ella con su roomie de Bélgica, y el idioma de esta con el de Steven, y así formamos un cuarteto que se mantuvo durante varios días y varios shuttles.

Los cuatro nos fuimos al parque al mediodia, sin tour (escandalizando a varios gringos!). Caminamos hasta el mirador charlando de viajes y amores mientras subiamos y subiamos, potenciando el calor para que el chapuzón de más tarde sea más rico.

La vista a la que llegamos cortó la conversación durante un rato largo: en el verde, más verde, más vida.


Bajamos desesperados para poder finalmente librarnos del calor y un señor nos advirtió que no estabamos perdiendo de algo: el sumidero. En este punto el rio se mete abajo de la tierra con una fuerza y un caudal impresionantes, dejando en la superficie estas tranquilas piletas naturales, para volver a salir 300 metros más adelantes.

Finalmente el chapuzón refrescante, al mismo tiempo que la lluvia. Cést pas grave!

Salimos y visitamos una tras otras las piletas y no pudimos elegir cuál era más linda, así que decidimos que vamos a tener que volver a todas en otro viaje.

El hambre nos hizo volver, comimos, nos bañamos y debatimos si quedarnos toda la vida o tomarnos otro jodido shuttle y ganó la segunda opción. Total juramos volver, con suerte antes de que este paraíso se colvierta en Disney.

Otra cena grupal, a dormir, y al amanecer una combi hasta Flores, this was getting old. Cada shuttle peor que el anterior y jurábamos que era el último, pero de verdad no es fácil encontrar una alternativa. Que las hay, las hay, pero la fiaca es más fuerte. Pecado capital la pereza, no? En este fue otra vez la mentira del horario y la novedad fue un conductor fuera de si cuando un alemán le pidió con toda su "correctitud" si no le aseguraba mejor la mochila en el portaequipaje, a lo que el desubicado respondió cosas como "no estás en tu país, te callas porque ya no voy a hablar contigo y voy a partirte la cara". Nice.

Llegamos a Flores de noche, obviamente a la ventita de la agencia de viajes que era el hostel más Lonely Planet del mundo, donde una horda de turistas se apiñaba contra el mostrador atendido por gringos que gritaban "no more private rooms". Obviamente, alojamiento sobraba en la isla y a mejor precio...

Al otro día, segundo consecutivo de despertarnos antes que el sol, visitamos Tikal que nos voló la cabeza y así seguimos dejando un poco en cada lugar del país. No se puede decir mucho más que eso, es la selva más la historia, más la mística...

A la tarde nos bañamos en ese lago en el cual se puede perder la vista por horas y horas. A la nochecita decidimos seguir el rally en shuttle, seguir madrugando, seguir puteando a las empresas de turismo y reservamos para el día siguiente el cruce hasta Palenque.

Esto fue el colmo: nos apuraron para salir a las 5am pero el chofer en el camino paso a buscar a 5 amigos, se desviaron en el camino para comprar comida y comer en el bus (cuando nosotros veníamos desesperados sin desayunar), en la frontera los oficiales nos cobraron ilegalmente 40 quetzales sino nos retenían el pasaporte, cruzamos el rio en lancha y del otro lado nos esperó un taxi que nos llevó a un bus común local que paró en una especie de "peaje" donde sólo a los extranjeros nos cobraron 15 pesos... por pasar nomás...

En fin, total que llegamos a Palenque maldiciendo al turismo, a guatemaltecos, mexicanos y gringos, a la Lonely Planet, a los hostels y a la virgen de Guadalupe. Pero volvimos a caer al reservar un shuttle a San Cristobal que pasaba por las ruinas, Misol-Ha y Agua Azul.

Creo que después de tanto error, hemos aprendido. Las maravillas del mundo son más lindas cuando llegar te costó menos plata, más tiempo y más preguntar por el pueblo, interactuar con locales, pararte en un cruce de la ruta bajo la lluvia, apiñarte en un bus escolar de los '50 devenido en bus local junto a 120 guatemaltecos que vuelven a casa, y caminar sin mapa. Lección aprendida.




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