4.4.12

Como la vaca estudiosa

Y un día tuvimos que dejar Mendoza y salimos rumbo a San Juan, que pasó sin penas ni gloria por nuestro itinerario, solo para no pegarle de largo hasta Tucumán en un día, donde ibamos a alquilar un autito para hacer uno de nuestros ya legendarios road trips.

Llegados a San Miguel de Tucumán, visitamos de afuera la casita, nos sacamos fotos con la estatua de la Negra Sosa y empezamos a comer empanadas sin pausa hasta el día de hoy, último en el país.

María Luz y cia nos llevaron de paseo por los alrededores de la capital, con (obvio) empanadas, mate y bollo con chicharrón. Un tour a toda velocidad antes de partir rumbo a Salta la linda y Jujuy, vía la maravillosamente verde ruta 9. Ya del lado jujeño no teníamos ni batería ni espacio en las tarjetas de memoria, y había cada vez más colores. Desesperación!!!

Llegar a Purmamarca nos llevó 8 horas... normalmente es hora y media, pero cada 20 metros había que parar y decir wooooooow. Llegamos justito antes del atardecer y no hubo forma de sacarnos de ahi. Cenamos llama y escuchamos folklore, caminamos por las callecitas, respiramos hondo...

Al otro día nos caminamos los cerros bajitos de por ahí y salimos a ver qué onda las Salinas Grandes, donde también nos secuestró la belleza y se nos fueron unas 4 horas caminando en patas por el agüita salada. Nos fuimos porque empezó a refrescar y nos cayó la noche en una ruta de ripio donde estabamos nosotros y las vicuñas.

Nos encontramos con un pueblo llamado Alfarcito, a casi 3600 msnm, de 20 familias más o menos, con una modesta posadita comunitaria que nos enamoró. De esas cosas que, por suerte, no figuran en trip advisor! Cenamos en la casa de Humberto, empanadas de llama y sopa de quinua (sí, con u), de esas cosas que, por suerte, no figuran en Guia Oleo! Dormimos sin escuchar un solo sonido... Desayunamos tortillas a la piedra, te de coca y nos llevamos para el camino un queso de oveja que hizo Ernestina. Love Alfarcito forever!

Pegando la vuelta por Abra Pampa nos agarró el granizo justo cuando pasabamos por unas montañas demenciales, con forma de canelón. El fotógrafo hizo pucherito porque se estaba perdiendo de una buena. Dormimos en Humahuaca con un frio tremendo y nos levantamos al amanecer para darle la revancha y volvimos a los canelones. De regreso por Humahuaca hicimos rally hasta el puesto número uno de cantidad de colores en una montaña, ya perdí la cuenta... Nos tuvo que sacar el frio a patadas también porque entre el juego de luces del atardecer, los mates y el quesito de oveja con galletas nos hicimos el mejor día del viaje...

Amanecimos el día siguiente en la Quebrada de las Conchas, sin descanso para los ojos! Y como nos gusta el derroche, la volvimos a recorrer de tarde para ver cómo le pegaba el sol del otro lado, un lujo! Cenamos locro y dormimos en Cafayate. Al otro día se acababa la joda.

Llegamos a Tucumán en tiempo record para devolver el auto y nos hospedaron Sebastian y Catherine, él argentino y ella francesa, eso me suena de algún lado. Nos llevaron a un cumple donde un grupo de sicuris me enseñó una copla que me llevo para siempre (que puse más abajo).

Nuestra pareja espejo nos llenó la cabeza de Bolivia y, después de descanzar 3 días del rally norteño, partimos a Salta capital donde nos encontramos con Olivier. El regresaba de Colombia y lo celebró con, obvio, empanadas y vino. Nosotros así nos despedimos de Argentina rumbo a Chile, una vez más, y Bolivia después, y más al norte, y más lejos...

Ahora que se nos calentaron los piés, el viaje está en marcha, hay que irse acostumbrando todos los días a cosas nuevas, gente, paisajes, sabores, sorpresas buenas y malas... Pero hay algo a lo que no me puedo acostumbrar y nunca me va a gustar, y es despedirme. Y además, si hay algo que me vienen diciendo por acá y escucho cada vez más seguido, es que america es una. Así que no me voy a despedir nada de Argentina, seguimos viaje nomás.


Cinco siglos resistiendo,
cinco siglos de coraje
manteniendo siempre
la esencia.

Es tu esencia, y es semilla
y esta dentro nuestro
por siempre.

Se hace vida con el sol
y en la pachamama
florece.

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