Llegar a la costa fue el pase libre para turistear como nunca: Nunca soy huesped en un hostel, por lo general soy la recepcionista. Nunca ando por la vida con outfits playeros, como mucho unas ojotas pero solo para darme el gusto de tener frio. Nunca como mariscos a diario, de hecho casi nunca como mariscos, con lo que me encantan... Nunca camino por la playa escuchando música cual protagonista nostálgica de videoclip. Nunca estoy bronceada, porque es algo que hasta ahora creía biológicamente imposible. Nunca veo los sunsets en el pacífico, que es donde the sun actually sets. Nunca me tiene sin cuidado si me agarra la lluvia en cualquier momento, de hecho es algo que evitaría en cualquier otro lugar del mundo.
Pero en Puerto Vallarta, Jalisco, que me agarre la lluvia, total es agua, y hace calor. Mucho calor. Y total en 15 minutos sale el sol y en dos horas más llueve de nuevo. Y llueve toda la noche, pero no refresca, sigue haciendo mucho calor. Y así una encuentra como entretenerse, entre la alberca, la playa, las palapitas, las cervezas, los atardeceres y los ataques al hígado. Hasta que sin darse cuenta pasaron 10 días...
Imaginate si en Villa Gesell en temporada baja el mar fuera azul y estuviera tibio e hiciera mucho mucho calor, casi no quedaran turistas, el camarón fuera delicioso y la cerveza mexicana. Algo más o menos así. Pero con lluvia.
Donde para colmo coicidí con mi host del DF, Balp, y su familia, que se convirtió en mi familia adoptiva por una semana.
O sea, no wonder. Eso es lo que vine a hacer, no por la playa, ni la pile, ni el bronceado, ni el camarón. Vine a dejar que me sorprendan las ganas de, de repente, quedarme 10 días haciendo nada en una ciudad cualquiera. Y eso me acaba de pasar en Puerto Vallarta.
Pero en Puerto Vallarta, Jalisco, que me agarre la lluvia, total es agua, y hace calor. Mucho calor. Y total en 15 minutos sale el sol y en dos horas más llueve de nuevo. Y llueve toda la noche, pero no refresca, sigue haciendo mucho calor. Y así una encuentra como entretenerse, entre la alberca, la playa, las palapitas, las cervezas, los atardeceres y los ataques al hígado. Hasta que sin darse cuenta pasaron 10 días...
Imaginate si en Villa Gesell en temporada baja el mar fuera azul y estuviera tibio e hiciera mucho mucho calor, casi no quedaran turistas, el camarón fuera delicioso y la cerveza mexicana. Algo más o menos así. Pero con lluvia.
Donde para colmo coicidí con mi host del DF, Balp, y su familia, que se convirtió en mi familia adoptiva por una semana.
O sea, no wonder. Eso es lo que vine a hacer, no por la playa, ni la pile, ni el bronceado, ni el camarón. Vine a dejar que me sorprendan las ganas de, de repente, quedarme 10 días haciendo nada en una ciudad cualquiera. Y eso me acaba de pasar en Puerto Vallarta.
Sea food!!!

Sos mi ídola!
ResponderEliminarloveutai